Es el precio dividido por la superficie. Se usa porque es lo único que permite comparar un campo de 200 hectáreas con uno de 3.000: el precio total no dice nada por sí solo.
Se cotiza habitualmente en dólares, por la misma razón por la que se cotiza así casi todo el activo real en Argentina.
Los factores que más lo mueven son la capacidad de uso y el índice de productividad, el régimen de lluvias, la distancia a puerto o a acopio, el estado de los caminos, y las restricciones legales. La afectación salina y la categoría de bosque nativo pueden cambiarlo drásticamente sin que se vea en una recorrida.